¿Tomar atajos o seguir en el camino?

Cuando nos enfrentamos a proyectos o procesos complicados, en los que hay muchas subidas y bajadas, la búsqueda de atajos y de formas de evitar el sufrimiento es muy habitual. En este breve artículo quiero contarte una teoría que puede ayudarte a afrontar mejor los momentos difíciles que aparecen en la consecución de objetivos.

La teoría de la bifurcación

Esta teoría está basada en una situación que probablemente hayan vivido todas las personas que se desplazan en coche para ir a trabajar. Pongamos el siguiente escenario: somos alguien que vive a las afueras de una gran ciudad y que cada mañana coge el coche para ir a la oficina, que se encuentra en el centro de la urbe. Existen dos camino para llegar: una autopista, considerada como la vía principal, que es la que todo el mundo utiliza por ser la más directa y la más cómoda y una carretera urbana plagada de semáforos y badenes a la que pocas personas recurren.

Normalmente utilizamos la autopista porque es bastante predecible y sabemos exactamente cuánto se tarda en llegar al trabajo, ya que cada día es lo mismo. No obstante, de vez en cuando ocurre algún acontecimiento (un accidente por ejemplo) que genera atascos desproporcionados que provocan que el tráfico avance mucho más despacio de lo habitual. Como siempre salimos justos de tiempo por la mañana, nos desesperamos con esta situación porque sabemos que vamos a llegar tarde al trabajo.

Después de avanzar 100 metros en 15 minutos, llegamos a una bifurcación que nos permite dejar la autopista e incorporarnos a la carretera que sirve como camino alternativo. Aquí se nos enciende la bombilla y la siguiente pregunta pasa por nuestra mente: ¿Y si salgo de la autopista y opto por usar el atajo para saltarme el atasco y así ganar unos pocos minutos? Además, hemos visto que no hemos sido los únicos en pensarlo, ya que vemos que otras personas han optado por lo mismo, así que seguro que es buena idea.

Pero al final, demasiada gente había decidido hacer la misma jugada que nosotros, lo que provoca retenciones de nuevo. Y aquí nos damos cuenta de que vamos a llegar más tarde porque, a pesar de que los coches en la autopista avanzaban más despacio, lo hacían de forma constante. Al final, lo que a primera vista parecía ser un atajo, se convierte en el camino más largo.

Esta duda puede llevarse a muchos terrenos. Si, por ejemplo, estás tratando de mejorar tu alimentación para lograr un cambio en tu físico y llevas ya un tiempo largo con pequeños resultados aunque estás logrando mantener tu plan con constancia y determinación, es posible que estés frustrado. En estos casos, si de pronto un amigo te cuenta que existe un «método» para lograr tus objetivos a través de un plan detox de 5 días, ¿qué haces?¿tomas el camino rápido que te propone tu amigo, o te mantienes firme aunque te cueste?

El arte de la paciencia

Nuestra tendencia natural como seres humanos es la de buscar trucos y atajos que nos acerquen de la forma más rápida posible a un objetivo. El problema es que, a largo plazo, estos hacks terminan no solo por no dar el resultado que esperábamos, sino que además nos harán perder tiempo. El arte de la paciencia es una disciplina poco practicada en la actualidad, pero la realidad es que las cosas que merecen la pena requieren tiempo y dedicación, porque son lentas pero incrementales. No vas a notar resultados en un día, ni en dos y quizá tampoco en un mes, pero con el tiempo te darás cuenta de que has avanzado y que pequeños pasos diarios acaban convirtiéndose en kilómetros a lo largo del tiempo. Mantente en el camino correcto, sé constante y avanza poco a poco.

El viejo cuento de Muerte en Teherán

Este tipo de planteamientos también recuerdan un poco al clásico cuento Muerte en Teherán que contaba Victro Frankl en su libro El hombre en busca de sentido.

Un persa rico y poderoso estaba paseando un día por su jardín con uno de sus sirvientes. El sirviente estaba asustado porque acababa de ver a la muerte, que lo había amenazado. El criado suplica a su amo que le deje prestado un caballo para poder huir a Teherán. El amo accedió y el sirviente se alejó rápidamente.

Esa misma noche, cuando el amo regresó a su casa se encontró a su muerte. «¿Por qué has asustado y amenazado a mi criado?«, le preguntó. A lo que la muerte le respondió: «No lo he amenazado. Me ha sorprendido verlo aquí, cuando tengo que encontrarme esta noche con él en Teherán«.

La posibilidad de que el presente se vea alterado nos produce una gran preocupación y hace que vivamos con angustia. Ante esto, anticipamos el futuro y solemos percibirlo como negativo, lo que nos genera ansiedad, es decir, nos angustiamos por lo que todavía no ha sucedido. La cuestión es que, si tenemos las herramientas para cambiar el futuro, ¿por qué nos preocupamos? Y, si no lo podemos modificar, ¿por qué nos preocupamos?

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