¿Por qué no te concentras? 6 técnicas para mejorar tu concentración

Seguro que tú también tienes días de esos en los que por más que lo intentas la cabeza te va de un tema a otro. No hay manera de centrar tu atención y concentrarte en una sola tarea.

Un concepto que se repite en muchas filosofías orientales, tanto el budismo como el taoísmo, es el de la mente de mono. Nuestro cerebro tiene una tendencia natural a saltar sin control de pensamiento y pensamiento, igual que lo haría un mono nervioso saltando de rama en rama y gritando sin parar.

mente de mono

Lo que ocurre es que, aunque estamos predispuestos biológicamente a que nuestra mente piense acerca de experiencias pasadas, presentes y futuras casi de forma simultánea, el pensamiento descontrolado no es un estado natural de la mente.

De hecho, la concentración es algo fundamental en nuestro día a día. Hasta el punto de que Daniel Goleman en su libro Focus lo describe como el talento más escaso y subestimado de nuestra sociedad. Este psicólogo y periodista afirma que las personas que logran mayor rendimiento en un ámbito (ya sea en sus estudios, arte, negocios o deporte) son aquellas que han cultivado formas de focalización o meditación inteligente.

¿Cómo podemos conseguir una buena concentración?

Todos hemos tenido alguna vez esa sensación de concentración plena, en la que parece que tu cerebro está tan absorbido en una cosa que todo lo que hay alrededor pasa a un segundo plano.

La gran pregunta es, ¿cómo llegamos a ese punto de concentración? ¿cómo conseguimos que los monos de nuestro cerebro dejen de llamar nuestra atención?

1. Reenfoca tu tarea y hazla «apetecible»

Por un lado, y creo que es algo en lo que seguramente estés de acuerdo conmigo, cuando la tarea que entre las manos te apetece, es mucho más fácil estar concentrado. Pero claro, esto no siempre es posible. Por mucho que nos llenemos de mensajes del estilo de «haz lo que te dé la gana, pero que te haga feliz«, siempre va a haber cosas que no nos gustan tanto o con las que no nos sintamos tan motivados.

Es lógico que si comienzas por afrontar la tarea diciéndote a ti mismo lo poco que te apetece, tu cabeza hará todo lo posible por evitarla. Por eso, ¿por qué no intentas reenfocar la tarea? Es decir, si en lugar de centrarte en lo poco que te apetece hacer ese informe que te ha pedido tu jefe, te lo planteas como probar una nueva forma de presentar los resultados o conseguir dejar tu lista de tareas pendientes a cero en un tiempo récord, es posible que te sientas mucho más motivado.

2. Evita a toda costa el multitasking

En los últimos años, se ha debatido mucho acerca de si existe o no ese famoso superpoder de ser capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo. Un grupo de investigadores de Stanford demostraron que las personas que realizan varias tareas al mismo tiempo pagan un precio por ello. Si bien podemos andar y hablar a la vez o cocinar y pensar al mismo tiempo, nos es imposible concentrarnos en hacer dos cosas a la vez.

Al fin parece haber un consenso de que el multitasking es solo una ilusión, y eso que yo admito haber intentado durante mucho tiempo paralelizar varias tareas con el objetivo de aumentar al máximo mi productividad.

De hecho, parece ser que cuanto más difícil sea lo que estamos pensando menos capacidad tendremos de hacer otra cosa a la vez, por mucho que esa otra cosa no requiera de mucha concentración.

3. Reduce al máximo el cambio de contexto

Los cambios de contexto se nos dan fatal. Si estás escribiendo un informe y de repente tu mente se va a ese mensaje que han mandado por tu grupo de amigos, acabas de cometer un gran fallo. ¿Por qué? Porque para nuestro cerebro retomar el informe y recordar qué estábamos escribiendo exige mucho esfuerzo mental.

Andrea Giuliodori explica en su libro Reconquista tu tiempo como el hecho de gestionar varios proyectos al mismo tiempo conlleva un «coste de arrastre» que afecta a la productividad.

No obstante, hay veces que es inevitable la gestión de proyectos diferentes. En esos casos, Andrea recomienda crear «días temáticos». Esta estrategia fue la seguida por Jack Dorsey, fundador y director ejecutivo de Square y creador de Twitter.

Jack agrupaba sus actividades de un mismo ámbito en días concretos. Por ejemplo, el lunes lo dedicaba por completo a la gestión, el martes al diseño y el miércoles a la comercialización y comunicaciones.

De este modo, conseguía que el trabajo fuera mucho más fluido y evitaba tantas interrupciones.

4. Priorización: las «2 listas» de Warren Buffett

Warren Buffett usa una sencilla estrategia de productividad para ayudar a sus empleados a escoger sus prioridades y a actuar en consecuencia. Un ejemplo anecdótico es el que ocurrió con Mike Flint, quien fue piloto de avión de Buffett durante 10 años.

En primer lugar, Buffett le pidió a Flint que escribiera en una lista sus 25 principales metas profesionales. Es cierto que esto puede no resultar tan práctico cuando estamos intentando planificarnos la semana, por lo que otra opción es anotar los 25 principales objetivos que tienes pensado hacer esta semana.

Más tarde, Buffett le pidió a su trabajador que revisara su lista y marcara únicamente sus 5 metas más importantes. Finalmente, y con las dos listas delante, Flint confirmó que empezaría a trabajar en las 5 metas marcadas de inmediato y dejaría a un lado las otras 20.

A esto, Warren le preguntó: «¿Y qué vas a hacer con las que no has marcado?«, a lo que Flint le respondió que trabajaría en ellas de forma intermitente cuando le pareciera mejor.

«No. Te equivocas, Mike. Lo que no has marcado es tu nueva lista de cosas a evitar a toda cosa. Hasta que no hayas terminado con éxito las otras 5, las otras 20 no deberían recibir ni un segundo de tu atención» le respondió Buffett.

Esto nos da una idea de la importancia de priorizar y eliminar lo no esencial para ayudarnos a enfocar nuestros esfuerzos. Además, fijar tus prioridades de forma clara fortalecerá tu voluntad y hará más sencillo decir que no a esas otras cosas que reclaman tu atención y que te alejan de tu tarea.

5. Practica tu entorno

Cuando pensamos en estar concentrados, normalmente tendemos a imaginarnos una biblioteca silenciosa o un lugar con música tranquila y en el que nadie nos moleste. De hecho, normalmente tendemos a quitarnos de la vista cualquier tentación, ya sea el teléfono móvil o cualquier otro dispositivo tecnológico.

Entorno de trabajo

Sin embargo, esto supone un riesgo. Si nos hacemos dependientes de la existencia de un contexto idóneo, cuando no se den esas condiciones vamos a tener un problema para mantenernos concentrados. Está claro que cuanto mejor sea el entorno, mejor, pero no hay que obsesionarse con ello.

Una forma de evitar esto puede ser ponerte a prueba. Si cuando estás haciendo algo que requiere tu atención de vez en cuando te pones música ruidosa y te acostumbras a ello, será más fácil que te concentres cuando el entorno no sea tan silencioso o tranquilo.

6. Gestiona tu energía

Si entendemos y entrenamos nuestros propios ritmos puede ser una buena solución para saber cuando dedicar tu tiempo a tareas que te requieren altos niveles de concentración y cuando tiendes a estar más disperso.

Si eres de los que por las mañanas te cuesta menos concentrarte y eres más creativo, deja aquellas tareas que más esfuerzo te requieren para las primeras horas y retrasa las que sabes que no te requerirán tanto esfuerzo como gestionar emails o hacer llamadas.

Por último, creo que esto es un proceso y, como todo, se perfecciona con la práctica y la constancia. Además, prácticas como la meditación o la respiración son muy beneficiosas.

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