¿Has pensado en por qué no eres capaz de cumplir tus compromisos?

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Cuando nos comprometemos a algo, ya sea con una persona externa o para nosotros mismos, asumimos un riesgo. Cuando le dices a tu pareja que saldrás antes de trabajar para pasar un rato a solas, cuando fijas una fecha de entrega a un cliente o cuando te comprometes contigo mismo a ir al gimnasio, asumes el riesgo de que surja un imprevisto que te impida cumplir esa «promesa».

Pero los inesperados ocurren. Y detrás de cada compromiso incumplido siempre hay, al menos, una causa. Entonces, ¿en qué se diferencian las «causas» de las «excusas»?

La eterna diferencia entre los motivos y las excusas

«Solo te puedes sentir bien con lo que no haces cuando sabes qué es lo que no haces».

¿Has pensado en por qué incumples tus compromisos?

Esta pregunta puede ser algo confusa, principalmente porque a menudo desconocemos el significado real de la palabra compromiso. El compromiso es algo que asumimos voluntariamente, mientras que la imposición es algo que nos viene de fuera. Una «intención», por su parte, es la voluntad firme de hacer algo, que conlleva un nivel de autoexigencia menor que una obligación aceptada.

¿En qué se resume esto? En que el compromiso no admite excusas, solo resultados. La palabra compromiso significa hacer lo que haga falta el tiempo que haga falta Pero la realidad es que la gran mayoría de los compromisos que la gente propone son en realidad intenciones.

¿Cuál es tu capacidad a la hora de detectar los riesgos de incumplir un compromiso?

Ser proactivo a la hora de explicar que vas a incumplir un compromiso antes de haberlo incumplido te permite un margen de maniobra. Estás a tiempo de renegociar y de reorientar las cosas. En cambio, si una vez ya has incumplido tu promesa explicas la razón por la que se ha dado este hecho, es probable que la otra persona no sea tan comprensiva y que lo califique como excusa.

Con un compromiso se pueden hacer tres cosas: cumplirlo, incumplirlo o renegociarlo. Por tanto, evitar incumplir un compromiso es muy sencillo: renegócialo. Si te das cuenta de que, por mucho que estés haciendo o vayas a hacer «lo que haga falta», no vas a poder cumplir un compromiso, entonces lo correcto es renegociarlo.

¿Revisas frecuentemente tu calendario futuro?

El problema es que para saber si vas a tener que renegociar un compromiso, primero necesitas tener una visión global de todos tus compromisos. Necesitas evaluar en qué medida vas a poder cumplirlos (o no) y actuar en consecuencia.

Tanto para saber lo que no haces como para saber qué compromisos vas a incumplir solo necesitas una cosa: revisar tu sistema con la frecuencia necesaria. Y saber en todo momento lo que no estás haciendo te transmite una sensación de control enorme.

Hacer una revisión semanal puede ser especialmente útil cuando son cosas que por el tiempo o esfuerzo que conllevan nos dejarán poca capacidad de reacción.

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