La curiosidad aplicada como elemento estratégico para alcanzar el éxito

curiosidad aplicada

La curiosidad es un rasgo de la naturaleza humana. Desde que nacemos, no dejamos de plantearnos cuestiones y asombrarnos por las cosas que nos rodean. Aunque no existe una definición científica sobre qué es la curiosidad, todos estamos de acuerdo en que se trata de un impulso innato a todas las personas que nos acerca al progreso y al desarrollo. Pero, ¿sabías hasta qué punto puede la curiosidad ayudarnos a aprender?

En este artículo quiero hablarte del término de «curiosidad aplicada» y de cómo podemos aprovechar esta capacidad para resolver problemas, inspirar la innovación y lograr mejores resultados.

¿Qué es la curiosidad aplicada?

Becki Saltzman, fundadora y CEO del Applied Curiosity Lab, fue quién acuñó el término de curiosidad aplicada. La curiosidad aplicada consiste en aprovechar la curiosidad para alcanzar un objetivo específico, optimizar el rendimiento y, en definitiva, alcanzar un mayor éxito. Consiste en utilizar la curiosidad como una herramienta estratégica para percibir lo que otros pasan por alto, para tomar decisiones inteligentes y para influenciar a otras personas.

De hecho, tal y como afirma Harvard Business Review la curiosidad es una de las cualidades más importantes del liderazgo. La curiosidad es lo que ilumina la falta de información que hay entre lo que sabemos y lo que queremos saber. Como dice Becki, «Solo la curiosidad inspira las preguntas que generan las respuestas a las que aún no tenemos acceso. Sin curiosidad, las nuevas respuestas dejan de existir«.

¿En qué se diferencian la curiosidad teórica con la curiosidad aplicada?

La curiosidad teórica es ese asombro que tenemos por las cosas sin otro motivo que aprender sobre ellas. Esta curiosidad se ve muy fácilmente en los niños. Si tienes la suerte de tener cerca a un niño, seguro que te suena esa incansable ansia de querer entender todo del entorno y ese constante asombro por todo lo nuevo que les rodea.

Por otro lado, la curiosidad aplicada se basa en aplicar la curiosidad hacia unos objetivos concretos o resolver problemas. Por ejemplo, puedes tener curiosidad por estudiar acerca del comportamiento de los virus y bacterias para descubrir un medicamento o vacuna para combatirlos.

¿Cómo podemos entrenar el músculo de la curiosidad?

La mentalidad curiosa, aunque podamos pensar que es algo innato, se puede practicar. Tal y como dice Becki Saltzman, la mentalidad curiosa es la suma de una mentalidad de aprendiz permanente, una mentalidad de principiante y una mentalidad de alguien que se cuestiona las cosas.

Además, Becki menciona tres métodos para desarrollar este tipo de mentalidad.

  1. No dejes de aprender. El mundo está en constante cambio y cada día salen nuevos cursos sobre tendencias innovadoras. Por eso, es necesario no dejar de buscar la mejora continua y el crecimiento. Este ritmo rápido de los cambios nos exige seguir aprendiendo y actualizarnos, saber qué habilidades debemos desarrollar más y cuáles ya no son relevantes.
  2. Piensa siempre como un principiante. Hazte siempre la pregunta: «¿Y si no tengo razón?», y aléjate del miedo a equivocarte. La incomodidad de estar equivocados, el miedo a fracasar y sobrevalorar la certidumbre por encima de las dudas son limitadores de la curiosidad.
  3. Haz más preguntas. Cuando algo provoque en ti una crítica inmediata, un juicio o miedo intenta dar un salto y demostrar curiosidad. Con la pregunta «¿Y si…?», podrás identificar, cuestionar e invalidar suposiciones sobre los demás sin sufrir la influencia emocional del juicio o la crítica, para detectar opciones que de otra manera no verías y mejorar la precisión de tus evaluaciones.

¿Cómo puede utilizarse la curiosidad como un recurso estratégico?

Pico de curiosidad: la relación entre la curiosidad y la familiaridad

Hay un estado pico en el que no estamos muy familiarizados con un tema y que sentimos un pico de curiosidad. En cambio, cuando estamos muy familiarizados con un tema ya no sentimos curiosidad. Hay momentos óptimos para ser curiosos y despertar curiosidad en los demás. Pero esto puede ir en dos sentidos. Si utilizas este sistema como un recurso, puedes llegar a influir a los demás y hacer negocios.

Por ejemplo, si los demás saben con todo lujo de detalles lo que intentas conseguir que hagan, van a mostrar poco interés como para que consigas influenciarlos. Para revelar lo que los demás necesitan saber, fíjate en lo que les resulta menos familiar. Reducir la familiaridad con el problema nos hace más curiosos y predispuestos a identificar lo que necesitamos saber para resolver el problema.

Estrategias Premortem y postmortem

Para reducir los índices de fracaso de los proyectos, Becki Saltzman propone aplicar las estrategias pre mortem y post mortem. Un análisis pre mortem es una estrategia de gestión que se aplica en la fase de planificación de un proyecto, y el análisis post mortem se lleva a cabo al completarlo.

En el análisis pre mortem, el equipo de proyecto imagina que el proyecto que van a lanzar ha ido mal. En ese momento, reflexionan para determinar qué podría haber causado el problema tratando de esclarecer los puntos débiles, amenazas y falsas suposiciones. Sirve para que el equipo explore las opciones y tenga en cuenta consecuencias imprevistas. Si esto no funciona, ¿Qué aprenderemos?, ¿Qué suposiciones erróneas hicimos?, ¿Qué fue lo que no funcionó?, ¿Con quién deberíamos haber hablado y qué le deberíamos haber preguntado?, ¿Qué fuentes deberíamos haber consultado para tener más información?, ¿1ué fue lo que no tuvimos en cuenta? ¿Qué pasamos por alto que otras personas sí vieron?

Otra razón por la que los proyectos salen mal es porque no investigamos las causas del fracaso y lo que se podría aprender gracias a los fallos. El análisis post mortem trata de evitar esto. Es un proceso que se lleva a cabo al final de un proyecto, para determinar y analizar lo que salió bien y lo que salió mal. ¿Qué fue lo que no funcionó y qué podemos aprender gracias a habernos equivocado? ¿De qué información incorrecta partimos?, ¿Qué funcionó y volveríamos a hacer exactamente igual?, ¿Qué carencias tenía nuestra forma de pensar?, ¿Qué funcionó, pero haríamos de otra manera? ¿Qué sabemos ahora a partir de un punto de vista distinto del nuestro?, ¿En qué nos equivocamos a la hora de abordar el problema?

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