La constancia: una virtud muy valorada en la filosofía estoica

Constancia y perseverancia

A veces nos pasa que empezamos proyectos con mucha ambición y determinación, pero al final los dejamos a mitad de camino. Esto suele dejarnos con una sensación de incomodidad y puede llevar a cuestionarnos si realmente somos capaces de lograr nuestros objetivos personales.

Además, muchas veces nos frustramos porque vemos cómo la gente que nos rodea alcanza metas, mientras que nosotros no conseguimos sacar la disciplina y fuerza mental necesaria para mantener la constancia hacia nuestro objetivo.

Si te sientes identificado con esto, lo primero que quiero decirte es que estés tranquilo. Hasta la persona que tienes como modelo y que piensas que ha llegado a un éxito considerable ha pasado por el mismo proceso de aprender a ser disciplinado y constante. Los hábitos son algo que se va desarrollando poco a poco y con mucho esfuerzo y siempre hay épocas en las que cuesta más. Y esto es normal. No es nada fácil conseguir llevar las riendas de ti mismo en todo momento.

¿Cómo podemos ser más constantes y disciplinados?

Los estoicos solían decir: «Elige la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable«. Esta frase indica dos cosas clave. La primera, que aquello que quieras incorporar en tu vida tiene que ser autoelegido y, la segunda, que tienes que convertirlo en un automatismo y un hábito. De hecho, es esta última parte la que te dará libertad. Crear una arquitectura vital e ir ganando terreno a nuestro propio control nos da la capacidad de evitar guiarnos a base de instintos exteriores.

Pero esto no se construye de la noche a la mañana. Muchas veces intentamos fijarnos unos planes y la primera, la segunda o la tercera vez no salen. Y, además, como normalmente, solemos ser muy poco tolerantes con nosotros mismos, después de esto solemos bloquearnos.

Hay que saber que tenemos la capacidad de reiniciar y ser lo suficientemente resiliente como para que, cuando no cumplimos con lo que nos habíamos propuesto, seamos capaces de volver a empezar en lugar de culparnos. Hay que evitar pensar que el hecho de fallar es un fracaso y verlo como una oportunidad de volver a intentarlo.

Suele ocurrir que somos demasiado perfeccionistas y autoexigentes con nosotros mismos. Queremos de un día para otro pegar un cambio radical. Sin embargo, nadie es capaz de instaurar un hábito en su vida a la primera. Será muy difícil que, si nunca has ido al gimnasio y de pronto te propones ir dos horas al día, lo cumplas.

Siguiendo el planteamiento de los estoicos, la persona que decide comenzar a ir dos horas al día al gimnasio, lo primero que debería hacer es elegir cómo quiere organizar su forma de vida para cumplir con ese objetivo. También debe estar seguro de que lo está haciendo porque él quiere.

Una vez ha definido eso, debe tratar que la costumbre se le haga agradable. ¿Cómo? Repitiéndolo y repitiéndolo. Y, evidentemente, fallará. Pero ese día, debe volver a empezar. Ese día el contador vuelve a cero hasta la próxima, y así continuamente hasta lograr que sea una rutina y un automatismo.

¿Y la fuerza de voluntad?

Muchas veces creemos que es la baja fuerza de voluntad el motivo por el que no somos capaces de ser constantes y disciplinados. Esto también era algo que fomentaban los estoicos, que pretendían vivir de acuerdo a la razón y libre de pasiones, invitando dominar los impulsos mediante el autocontrol y la moderación.

No obstante, hay estudios de Stanford que dicen que la fuerza de voluntad la preconcebimos nosotros mismos, es decir, depende de lo que nosotros pensemos. Si tú crees que tienes fuerza de voluntad, vas adelante. «Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estás en lo cierto«.

Las 5 claves para incorporar hábitos saludables en tu vida

1. Ten un plan y mide tu avance. Como decía Séneca, «No hay viento favorable para quien no sabe a dónde va». El que sabe a dónde se dirige tiene más claro el foco y puede aprovechar mejor su esfuerzo y energía. Además, establecerse metas e ir midiendo cómo de lejos o cerca estamos de la misma, es una forma de ver el progreso y asegurarnos de que estamos yendo hacia delante.

2. Elimina las tentaciones. Modifica la situación para que instaurar tus hábitos sea más fácil. Por ejemplo, si tiendes a mirar el móvil al despertarte, pon el despertador al otro lado de la habitación para que te cueste más trabajo cogerlo.

3. Practica la autorrecompensa. Puede ser difícil mantenerse constante cuando no se ven resultados inmediatos. Sin embargo, si nos recompensamos cada vez que alcanzamos un hito importante o logramos un objetivo específico, podemos aumentar nuestra motivación.

4. Pon varios hábitos a la vez que estén relacionados: Si en lugar de proponerte ir al gimnasio, también te propones que este objetivo se acompañe con comer mejor y beber alcohol únicamente un día o dos a la semana, tiene más probabilidades de que salga adelante.

5. Que los hábitos sean significativos: Para que el esfuerzo del hábito sea más fácil, es conveniente que ese hábito que te propongas te cambie un poco en cierta manera. Juntar tus hábitos y darles un significado conjunto es una forma de sentirte que estás más cerca de la persona en la que te quieres convertir.

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