Salud financiera: 7 hábitos financieros que debes poner en práctica

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Piensa por un momento en las conversaciones que has tenido este último mes con las personas que te rodean, ya sea con tu pareja, amigos, compañeros de trabajo, familiares o conocidos. ¿Cuántas de esas veces el dinero o las finanzas han sido el tema central de conversación?

Es muy habitual que el dinero o temas relacionados con nuestro patrimonio nos generen ansiedad, miedo, vergüeza o inseguridad. Sin duda, el dinero suele verse como un tema tabú, un tema sobre el que es mejor no hablar. De hecho, muchas parejas prefieren hablar de sexo o de infidelidades antes que de cómo manejar las finanzas familiares o cuánto dinero ganan.

En una encuesta llevada a cabo por la empresa Zety en la que participaron 1.000 personas se descubrió que tan solo un 50 % de la gente se siente cómoda hablando de dinero con familiares y amigos y únicamente un 43 % si se trata de hablar sobre deudas. Este estudio también desveló que hablar de ingresos en una cita es incluso más incómodo que hablar sobre antiguas relaciones.

No obstante, tener una relación sana con nuestro dinero y contar con unas bases financieras básicas, son necesarias para cualquier persona. La cuestión es, ¿cómo vamos a aprender acerca de este tema si no hablamos del tema y no nos interesamos por ello?

¿Por qué es importante tener unos buenos hábitos financieros?

La falta de unos hábitos financieros saludables y sostenibles conduce a las familias a abusar del crédito y a endeudarse por encima de su capacidad de pago.

A pesar de la importancia de que aprendamos desde pequeños a cómo hacer un correcto uso del dinero, existe un desconocimiento general en la sociedad en materia de educación financiera. También existe la creencia de que para desarrollar hábitos financieros y tomar buenas decisiones en cuanto a gastos, ahorro e inversión, hace falta saber mucho de números. Y, no. No hace falta ser un genio en matemáticas o ser una persona muy analítica para conseguir un control sobre tu economía.

Es cierto que crear nuevos hábitos financieros puede llevar tiempo y esfuerzo y que es un proceso de evolución. Por eso, en lugar de hacer cambios radicales, comienza por pequeños gestos. El objetivo principal debe ser crear comportamientos sostenibles que te ayuden a alcanzar el bienestar y la resiliencia financiera.

Hábitos que te ayudarán a mejorar tu salud financiera

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1. Haz un presupuesto

Esta puede ser la parte más laboriosa, pero hay que empezar por aquí. De hecho, lleva menos tiempo de lo que puede parecer a priori.

¿Cómo es tu estructura financiera? ¿En qué estás gastando? ¿Qué porcentaje de tu dinero se te va en cada cosa? Sin un punto de partida y un diagnóstico inicial es muy difícil, y me atrevería a decir imposible, saber en qué aspectos mejorar.

Para diseñar tu presupuesto puedes utilizar la herramienta con qué más cómoda te resulte. Hay quien prefiere hacerlo a mano, hay quien prefiere utilizar una hoja de Excel o hay quien se maneja bien con alguna app (Fintonic, Mint o incluso las aplicaciones de algunos bancos como BBVA). Lo que es importante es hacer un presupuesto anual y un presupuesto mensual, principalmente porque hay muchos gastos (las vacaciones, cumpleaños o la declaración de la renta, por ejemplo) que por ser estacionales o excepcionales conviene tenerlos en cuenta de forma anual.

Si cuando estás leyendo este artículo resulta que no es enero, no pienses que no puedes hacer el presupuesto anual. El presupuesto no tiene que ser de enero a enero, sino que puedes empezarlo en cualquier mes.

Para los gastos, lo mejor es distribuir cada uno por categorías. Habitualmente tendremos unas categorías principales (vivienda, salud, alimentación, deporte, ocio, ropa, transporte, vacaciones…), en donde iremos metiendo cada gasto según corresponda. Puedes tener una categoría denominada «Otros», pero te recomiendo evitarla al máximo y darle a cada gasto su nombre y categoría para luego poder tener una foto más clara de las partidas principales en las que se está yendo el dinero.

Esto es un proceso de prueba y error. Posiblemente la primera vez que lo hagas te costará más. Pero, una vez tienes claro en qué te gastas habitualmente el dinero, no te llevará más de 15 o 20 minutos. La mejor guía que puedes tener es el pasado, ya que normalmente los gastos no suelen cambiar demasiado de un día para otro. Presta atención a lo que hiciste el año pasado y cuáles fueron más o menos tus gastos y apóyate en eso para determinar el año siguiente.

2. Incluye una categoría de ahorro e invierte

Muchas veces tendemos a pensar que el ahorro es lo que nos sobra en la cuenta al final de cada mes y esto es un error. El ahorro tiene que ser un objetivo, tiene que ser consciente y debe ser una partida más de tu presupuesto. Es cierto que hay meses que puede ser más complicado conseguir un ahorro que otros, pero intenta que el balance sea principalmente positivo.

Trata de automatizar este ahorro y hacer la aportación al principio del mes. Si lo comprometes de forma automática, te obligarás a hacer este ahorro y evitarás caer en tentaciones. Existen algunas herramientas de inversión pasiva que te automatizan esta aportación, tales como Finizens o Arbor.

¿Qué porcentaje debería significar tu ahorro? Depende de cada circunstancia. No obstante, lo ideal es que al final del año el porcentaje de tus ahorros sea, como mínimo, un 10 % o 20 % de los ingresos de ese año.

3. Ten un colchón mínimo de 3 meses de ingresos

Para reducir la vulnerabilidad ante imprevistos, es necesario disponer de un colchón financiero que te permita sobrevivir al menos durante 3 meses. Si ves que no dispones de este colchón, no desesperes. Intenta ir cumpliendo la regla del ahorro mínimo mensual y vete, poco a poco, acercándote a esta cifra.

Es importante que este colchón sea lo más líquido posible. Es muy buena idea invertir o tener planes de ahorro, pero muchas veces esto no puede considerarse dentro de ese colchón mínimo, ya que no es tan fácil recurrir a este dinero en caso de emergencias.

4. Aumenta tu capacidad de reacción

En el libro Invierte en ti: Cómo organizar tu economía en 11 pasos para vivir mejor, Natalia de Santiago define la capacidad de reacción como el porcentaje de tus gastos que puedes cortar de un día para otro (ropa, ocio, tratamientos de belleza…). Hay algunos gastos, como las cuentas de suscripciones, que no es tan fácil eliminar instantáneamente, ya que exigen un plazo mínimo de cancelación. También hay otros gastos, como la calefacción o la alimentación, que son necesarios y tampoco puedes quitar.

Sin embargo, hay una serie de gastos que sí que puedes cortar de la misma y que son importantes tener en el radar. ¿Qué porcentaje de tus ingresos representan? El día que entres en crisis, estos gastos sabes que puedes cortarlos y puedes predecir tu vulnerabilidad ante estas situaciones. Natalia de Santiago propone que la capacidad de reacción sea como mínimo el 25 %.

Además, también te permitirá aumentar tu capacidad de maniobra. Si ves que hay demasiados gastos recurrentes y suponen un coste muy alto, puedes revisar tus suscripciones, las comisiones, renegociar las condiciones del banco…

5. La importancia de la amortización

Seguro que has escuchado hablar de la famosa amortización que hacen las empresas para contabilizar la pérdida gradual de valor de los activos. Pues en tu presupuesto, puedes hacer lo mismo. Hay ciertas cosas (como el coche, la aspiradora o la plancha) que al de unos años tendremos que cambiar y nos supondrá un desembolso muy grande. Por eso, es conveniente crear una categoría del presupuesto que incluya estos conceptos para no perderlos de vista y que no nos pillen desprevenidos.

6. Calcula tu patrimonio neto

Al igual que hacen las empresas, es recomendable que estimes tu patrimonio, que es básicamente el resultado de los activos o bienes que tienes menos lo que debes o tus pasivos. Esto incluirá tu casa (el valor de la casa menos la hipoteca), el dinero en tus cuentas bancarias, acciones o planes de pensiones, descontando el valor total de tus deudas.

Una vez hayas establecido tu valor neto, tienes que tener un plan para ir aumentándolo poco a poco, ya que es importante que cuando te jubiles y dejes de trabajar este valor sea positivo y dispongas de un colchón.

Dicho esto, es fundamental tener cabeza y ser prudente a la hora de endeudarse. Siempre que pidas una deuda valora si esa deuda va a permitirte aumentar tu valor neto o ingresar más en un futuro (por ejemplo, porque vas a invertir en formación o en montar un negocio). Mide el riesgo que estás asumiendo y valora las condiciones del préstamo.

7. Planifica tu jubilación

A menudo, se dice que nunca es demasiado tarde para empezar a ahorrar para la jubilación. Aunque puede ser cierto, cuanto antes se empiece, mejor será tu situación.

Esto se debe al poder de la reinversión. Seguro que has oído hablar del famoso tipo de interés compuesto, que básicamente hace referencia al efecto multiplicador del dinero. Por poner un ejemplo sencillo, pongamos que tenemos 100 euros en una cuenta a un interés compuesto anual del 10 %. Al cabo de un año, tendremos 110 euros, ¿verdad? Si este dinero lo mantenemos en la cuenta, al cabo de un año tendremos 121 euros, es decir, los intereses generados durante el primer año también generarán intereses.

Dicho esto, parece que es evidente que, cuanto antes empecemos a invertir el dinero para la jubilación, mayor será el capital final obtenido por la magia del efecto multiplicador.

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