Cómo desarrollar la resiliencia para abordar situaciones difíciles

resiliencia

Todos vivimos situaciones donde las cosas no nos salen bien. Surgen cambios, eventos inesperados, nos dan malas noticias, sufrimos situaciones de mucha presión… En esos casos, es muy habitual que colapsemos del estrés. Pero, ¿por qué hay gente que es capaz de sobrellevar mejor estas situaciones? ¿Qué habilidades mágicas tienen esas personas que no tengamos el resto? Y, lo más importante, ¿podemos aprender de ellas y conseguir nosotros también esas capacidades? La respuesta es sí. Esta habilidad se llama resiliencia y, aunque requiere de práctica, una vez desarrolles ese umbral de resistencia te será muchísimo más fácil volver a encarrilarte después de situaciones complicadas.

¿Qué es la resiliencia? Y, ¿Qué NO es la resiliencia?

Solemos confundir la resiliencia con tenacidad, es decir, la capacidad de insistir y machacarnos con una tarea. Esa capacidad suele denominarse determinación y, aunque es necesaria para tener éxito, es distinto del término de resiliencia. La resiliencia es la capacidad de no fracasar bajo presión, de saber mantener la energía aunque se nos vengan encima tareas exigentes y de saber reponerse tras vivir un contratiempo.

La resiliencia tampoco es un trampolín en el que en un momento estás abajo y el siguiente arriba. Es más bien como escalar una montaña sin tener un mapa del camino. Requiere tiempo, fuerza y ayuda de las personas que te rodean, y es probable que experimentes contratiempos en el trayecto. Pero al final llegas a la cima y podrás mirar hacia atrás para ver lo lejos que has llegado.

¿Qué características suelen tener las personas resilientes?

Las personas resilientes suelen tener una actitud positiva, suelen ser empáticas, suelen creer en sí mismas y suelen tener una alta capacidad para regular sus emociones.

¿Cómo se puede desarrollar la resiliencia?

Antes de nada quiero decirte que, aunque a veces pensamos que la resiliencia es una habilidad con la que se nace, eso no es verdad. La resiliencia es algo que con esfuerzo y práctica se puede desarrollar y aprender.

1. Evalúa tu situación actual

Lo primero de todo es analizarnos y conocernos a nosotros mismos. Cuando en el trabajo o en tu vida personal sufres una situación estresante, ¿cómo reaccionas?

Tatiana Kolovou propone situar cómo nos sentimos en base a dos variables que las refleja en un gráfico: el nivel de estrés y la capacidad de afrontar el estrés.

capacidad de afrontar el estrés

2. Aumenta tu umbral de resiliencia

Uno de los problemas de los que se originan nuestros problemas de resiliencia es el miedo al rechazo. Solemos tener miedo a pedir cosas que no sabemos si vamos a conseguir. Por tanto, una forma de aumentar nuestro umbral de resiliencia es hacer este tipo de cosas incómodas. Puedes empezar por cosas pequeñas como pedir un descuento en un restaurante o pedir a alguien desconocido que te deje su teléfono para llamar. Estas peticiones tienen una alta probabilidad de rechazo, pero esa no es la cuestión. El objetivo de este ejercicio es acostumbrarnos a escuchar respuestas negativas y poner el foco en mantener un diálogo interno positivo.

Una vez que recibas un no por respuesta, tendrás que gestionar tu lenguaje interno y mantenerte positivo. Lo más habitual es que nuestro cerebro empiece a pensar en negativo, enfocándose en ese no. En cambio, siéntente orgulloso de haberte atrevido a pedir y piensa en la próxima oportunidad. Recuerda: «El no ya lo tienes».

3. Aprende cosas nuevas y aprende a fracasar

Aprender nuevas cosas, como un idioma o un nuevo deporte, nos ayuda a reforzar y desarrollar la resiliencia. ¿Por qué? Porque aprendemos el valor del fracaso.

Michael Jordan es el mayor ejemplo en este sentido. Aunque es conocido como el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, sus primeros años fueron complicados. A pesar de entrenar duro, en los primeros años no fue seleccionado para ocupar el primer equipo. Sin embargo, en lugar de renunciar, siguió ejercitándose y preparándose.

“Cada vez que entrenaba y me sentía cansado al punto de querer abandonar, cerraba los ojos y veía esa lista en el vestuario sin mi nombre en ella. Eso hacía que me dieran ganas de seguir entrenando.”
– Michael Jordan

4. Mantén tu energía

Conocer tu flujo de energía te ayuda a afrontar situaciones difíciles. Si puedes programar las situaciones más complejas para cuando tengas más energía, mucho mejor. Intenta anticiparte siempre que puedas. Normalmente, hay momentos del año que son más estresantes. Las personas resilientes intentan planificar por adelantado este tipo de momentos para llevarlos de la mejor manera.

Pero esto no es suficiente, ya que hay situaciones inesperadas. Por eso, es necesario dormir bien, alimentarnos saludablemente e hidratarnos correctamente.

Por último, hazte esta pregunta: ¿qué actividades te permiten recargar las pilas? Practicar las cosas que te hacen llenar tu depósito de energía es una buena manera de lidiar con los momentos estresantes.

5. Reflexiona sobre las situaciones

La reflexión es uno de los procesos más subestimados del aprendizaje. Retroceder y evaluar los sucesos estresantes, nos permite mejorar.

  • ¿Qué podría haber hecho de otra forma?
  • ¿Cómo gestioné la situación?
  • ¿Tuve una actitud positiva?

Reconoce lo que hiciste bien e intenta no culparte si no lo conseguiste. Esto es un proceso de mejora y toda práctica tendrá su recompensa. Lo importante para desarrollar la resiliencia es ir gestionando las situaciones mejor poco a poco. También puedes pedir feedback a gente que te rodea, ya que a veces es más fácil que otras personas sean objetivas.

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